Educando al ego
- Rodrigo Joaquín del Pino

- 13 may
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Muchas veces el ego actúa como un niño confundido que busca aprobación, reconocimiento y control. Quiere conquistar, seducir, sobresalir y convertirse en el centro de todo. Pero detrás de esa agitación habitan el miedo, la carencia y una profunda desconexión de la esencia.
Por eso, una práctica poderosa consiste en hablarle conscientemente desde el estado más lúcido y sereno de nuestro ser. Decirle con amor:
“Cálmate un poco; no tienes que demostrar nada; no necesitas ser suficiente para nadie; trata de recuperar la percepción original”.
Ese diálogo interno transforma la confusión en comprensión. En lugar de reprimirlo o combatirlo, comenzamos a observarlo, orientarlo y acompañarlo.
Por naturaleza, el ego es inestable: busca validación constante y teme perder protagonismo. Pero cuando la luz del conocimiento trascendental ilumina nuestra mente, surge una voz interior más sabia, compasiva y firme, capaz de guiarlo como un padre amoroso guía a un hijo maleducado.
Así, poco a poco, deja de gobernar la confusión y comienza a prevalecer la conciencia del alma.
Rodrigo Joaquín del Pino
Trascendencia Humana



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